
Primero lo miré rápidamente, sin observarlo... pero después lo miré con más detenimiento, y tuve la horrible impresión de estar mirando a algún ser de otro planeta. El hombre era un hombre como cualquiera, pero qué se yo. No se si era porque su camisa era gris y no celeste, o porque su asiento era más alto que el común de los colectivos, o el bigote gigante negro que tenía bajo su nariz de ratón, pero me bastó para querer asegurarme de que jamás tome un bondi de la línea 122.