Mi vida sin mi, de Isabel Coixet

Ésta eres tú. Con los ojos cerrados, bajo la lluvia. Nunca te habías imaginado que harías una cosa así. Nunca te habías visto como… no se cómo describirlo, como… esas personas que les gusta mirar la luna, que se pasan horas contemplando las olas o una puesta de sol. Seguro que sabes de qué gente estoy hablando. O tal vez no. Da igual. A ti te gusta estar así. Combatiendo el frío. Sintiendo cómo el agua cala tu camiseta y llegándote a la piel. Y la sensación de la tierra volviéndose mullida bajo tus pies. Y el olor… y el sonido de la lluvia al caer sobre las hojas. Todas esas cosas que dicen los libros que no has leído. Ésta eres tú. Quién lo iba a decir.
...

martes 9 de febrero de 2010

Vuelta nº 147 - Un viaje al norte (Segunda publicación expresamente dedicada)

A Maru, más conocida tal vez como Clásica y Moderna...

El viento le desordenaba aún más su cabello ondulado.
El aroma a lavanda que se fintraba por la ventanilla
completamente abierta del vagón parecía expandirle
los pulmones, en una especie de milagro natural.
Se notaba que en su mochila no llevaba demasiadas cosas,
pero que en cambio iba cargada de sueños,
sobre los que escribía en el mismo momento en el que otra
jovencita estiraba las piernas en el pasillo.
Aires de paz, libertad, y un poco de revolución
era todo lo que necesitaba en ese momento,
y sentía, como nunca antes,
que estaba yendo por la vía correcta.
Las cosas que dejaba en su ciudad
no quedarían del todo atrás,
pero sabía que al volver nos las percibiría de la misma manera...
ya no volverían a hacerle daño jamás.

viernes 29 de enero de 2010

Vuelta nº 146 - De flores y espinas.

(Foto mía, de una de las tantas macetas del patio de mi abuela)

A veces me sentía como esa planta. Rodeada de espinas, de desconocidos, y de gente y cosas que me hacían mal.
Y corría la misma suerte que ella: a veces alguien me veía, se daba cuenta que estaba en ese lugar por error, se acercaba, me juzgaba... pero nunca -NUNCA- me sacaba de ahí.
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domingo 24 de enero de 2010

Vuelta nº 145 - Atravesándonos.


Vení, voy a contarte algo. Te va a sorprender escucharlo, pero supongo que te va a gustar. Voy a tratar de explicarte cómo me siento, lo que me hacés sentir vos.
Cuando me mirás con tus ojos soñadores, siento que me fotografías con tus pupilas profundas, captando sólo lo mejor de mí, la mejor y menor parte.
Cuando sonreís, me hacés creer en un mundo mejor, porque vos sos mi mundo, y tu sonrisa es lo mejor de vos.
Cuando me abrazas... ésto sí que se complica. No se me ocurren metáforas para tu abrazo. Es que... de repente soy vulnerable y más humana. Tus pequeños brazos me hacen sentir tan contenida, tan acompañada, que olvido en esos momentos el monstruo que siempre siento ser.
Tu voz... tu voz que suena serena si me escucha, tu voz dulce que me inyecta seguridad, me hace creer que soy una mujer a la que es posible querer. Tu voz me dice que vos me querés. No tus palabras, tu voz, su tono.
Es raro estar contándote esto. Sobre todo porque, hace un tiempo atrás, me esforzaba terriblemente por disimularlo. No quería exponerme, ni ilusionarte.
Y sin embargo hoy todo lo que quiero es regalarte los mejores momentos, las mejores risas, los mejores besos... y caminar juntos, atravesándonos

domingo 10 de enero de 2010

Vuelta nº 144 - De alcoholes y otros males.

Ayer me emborraché en casa con mi tío y mi papá. (La foto es un ejemplo ilustrativo, esos eran nuestros inicios en el terreno del alcohol los tres juntos, ¡por separado teníamos ya cada anécdota!). El punto es que tomamos algunos vinos espumantes, y cerramos con un champagne (¿se escribe así?) dulce que se tomaba solo.
Todavía no sé cómo pude acostarme sin desarmarme en pedacitos. Eran muy vertiginosas las vueltas que me daba el mundo, y ni hablar de lo punzante que era el dolor de cabeza que se generó automáticamente después del último vaso (sí, tomábamos en vasos, no copas). Cuando me puse el pijama y me tiré en la cama, decir que sentía estar en una montaña rusa es quedarme corta. Increíble lo mal que me sentía, pese a que fue uno de esos pedos alegres que le dicen, no podía parar de reírme. Me sentía mal corporalmente, a eso voy.

Hoy me levanté con dolor de cabeza, que intenté calmar con un par de pastillas, y para variar, sesenta y dos mensajes (leídos, pero que no recordaba) en el celular.

viernes 8 de enero de 2010

Vuelta nº 143 - Juntando pedacitos.

Noté que tengo muchos (muchos) escritos empezados, desparramados por todos lados. Tendría que ver si puedo recauchutarlos y armar uno que valga la pena, de esos que hace rato no aparecen por acá.

Digo, para variar...

Pausa nº 51 - Enumerando -pavadas-.

Dos cosas...

la primera: extraño escribir.

la segunda: "La adrenalina es una aliada del mal amor, y nos hace equivocar. En medio de una crisis, toda persona que se nos acerque puede parecer ideal"

jueves 31 de diciembre de 2009

Pausa nº 50 - Hola, soy el 2010.

Brindemos por los rayos
de la luz que
me alumbra hoy...
Bebamos de las
copas más lindas que tenemos hoy...

Vuelta nº 142 - Si se callase el ruido.

No te dejará dormir este estrépito infinito que intenta llenar los días de tinieblas y enemigos. Una estruendosa jauría se empeña en hacer callar las preguntas, los matices, el murmullo de ojalás. Ruido de patriotas que se envuelven en banderas, confunden la patria con la sordidez de sus cavernas. Ruido de conversos que, caídos del caballo, siembran su rencor perseguidos por sus pecados. Si se callase el ruido oirías la lluvia caer limpiando la ciudad de espectros, te oiría hablar en sueños y abriría las ventanas. Si se callase el ruido quizá podríamos hablar y soplar sobre las heridas, quizás entenderías que nos queda la esperanza.


Ruido de iluminados, gritan desde sus hogueras que trae el fin del mundo la luz de la diferencia. Ruido de inquisidores, nos hablan de libertades agrietando con sus gritos su barniz de tolerantes. Nunca pisa la batalla tanto ruido de guerreros, traen de sus almenas la paz de los cementerios. Háblame de tus abrazos, de nuestro amor imperfecto, de la luz de tu utopía, que tu voz tape este estruendo. Si se callase el ruido oirías la lluvia caer limpiando la ciudad de espectros, te oiría hablar en sueños y abriría las ventanas. Si se callase el ruido quizá podríamos hablar y soplar sobre las heridas, quizás entenderías que nos queda la esperanza.