La pálida ~ Eduardo Galeano



Mis certezas desayunan dudas. Y hay días en que me siento extranjero en Montevideo y en cualquier otra parte. En esos días, días sin sol, noches sin luna, ningún lugar es mi lugar y no consigo reconocerme en nada, ni en nadie. Las palabras no se parecen a lo que nombran y ni siquiera se parecen a su propio sonido. Entonces no estoy donde estoy. Dejo mi cuerpo y me voy, lejos, a ninguna parte, y no quiero estar con nadie, ni siquiera conmigo, y no tengo, ni quiero tener, nombre ninguno. Entonces pierdo las ganas de llamarme o ser llamado.
Voy a hablar de mí...

soy la persona que tengo más cerca.


Vuelta nº 184 - Ganas de creer.

Y vos, creías que todo llegaría a salir bien.
Que bailarían las mismas canciones, con los mismos vestidos y el mismo amor.
Creías que el destino se puede torcer y el mundo detenerse para ustedes.
Creías que las miradas bastaban y que las copas vacías en honor de un tiempo pasado que, como dicen, fue mejor, solucionarían mil y una noches sin domesticar.
Vos creías que todo llegaría a salir bien y que ella esperaría en la estación con su bolso y su rodete intactos, a que vos desataras del muelle barcos que zarparon sin aviso.
Barcos que se perdieron en un horizonte que no te los va a devolver.
Ella sabía.
Sabía que pronto dejarías de ser su príncipe desteñido y temeroso.
Sabía que no eras para ella, pero también sabía que de ella dependía que te curaras.
Y te curaste.
Te curaste al punto de llegar a creer que todo saldría bien.
Pero el destino no se puede torcer como ella torcía sus pies.

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y cuanDo se aclaRe nuEstro pensamieNto...

¡VAMOS A VOLAR!