jueves, 24 de abril de 2014

Vuelta nº 210 - Improvisación


Laberíntico. O como una montaña rusa. clico. Por qué no ciclotímico. Un espiral. Interrogantes. Desnudez.
“que si vengo, que no voy, que si estoy, que me pierdo...”. Las cosas que pienso hoy. Las canciones que recuerdo. La cabeza que perdí. O lo que encontré adentro de mi cabeza. ¿Cuánto tiempo sin sentir el deseo de escribir? Algo se está reactivando. No puede ser otra cosa. ¿Y ahora qué? ¿Qué estoy dispuesta a cambiar? Dónde está la razón de todo. Dónde la puse, dónde la dejé. A quién se la di.
Suena el vals de Amélie. Y yo no soy esa. O quizás sí. ¿Cuál es el sentido de la distancia? Distancia de qué. De quién. De mí. Lo inconciente. ¿Alguien estuvo ahí?
Frío. Cosas que decir. Que se dicen solas. Brotan. Como brotan las lágrimas. ¿Cuándo fue la última vez que lloré? Qué triste no recordarlo. Tal vez hoy llore. ¿Por qué? Porque sí. Por no recordar la última vez. ¿Qué quiero hacer? Distinto a lo que voy a hacer.
Palabras. Escalofríos. Momentos. Miradas. Acciones. Aromas. Aire. Suelo. Inconciencia. ¿Otra vez? Hasta dónde. Los límites. La insistencia. La distancia otra vez. ¿Qué distancia? ¿De qué estoy hablando?
Los seres. Los cuerpos. Los sentimientos. El habla. La piel. Decepción. El cambio. El peso, la levedad. Los libros. Los personajes de los libros. Teresa, Tomás. Un violonchelista. La muerte.
Laberíntico. Pensamientos laberínticos. Un yo laberíntico. Los laberintos no tienen llaves.

viernes, 18 de octubre de 2013

Vuelta nº 209 - Cabeza al spiedo.

Me costó encontrarle título a la entrada... y como hace unas vueltas atrás dije algo sobre los cambios que había habido en mí desde los comienzos del blog, me pareció... no se, buena idea, o apropiado ponerle así.
Cabeza al spiedo.
Todo esto viene a raíz de que hoy, como todos los viernes desde hace muuuuuuchos meses, fui a la psicóloga. Y fui a la psicóloga de onda, hace mucho que me da fiaca ir. Entonces contándole sobre mi desgano -para ir-, sobre mi bienestar y otras yerbas, decidimos que voy a empezar a ir menos.
Hasta hoy tenía dos formas posibles de leer toda la situación general: "me daba cosa dejarla", o "efectivamente hay algo que todavía no resolví que me impide abandonar las sesiones". Opté por la segunda. Creo, que porque tengo las herramientas para saber que, si realmente tuviera el deseo de dejar análisis, ya lo hubiera hecho (o no, tal vez... gracias a mis padres soy neurótica), y porque considero que algo del orden de la repetición está puesto ahí en la transferencia, y por ende debo trabajar sobre ello (me puse muy teórica?)
La sesión de hoy fue genial. Podría decir que hice un repaso sobre cómo fue evolucionando el análisis, y lo que es mejor, como fui evolucionando yo. Supongo que también vale aclarar que estos últimos días estuve muy atenta al blog, a las cosas viejas, por un proyecto que un amigo está llevando adelante. Me acerqué mucho a la Ro que era, y me doy cuenta de cuánto dista de la Ro que soy ahora. Sobre todo porque la Ro de antes se hallaba cómoda en el sufrimiento, estaba atrapada en ese goce. La de ahora por suerte se corre de los lugares en los que no quiere estar, con naturalidad, y sobre todo y lo más importante, sin alterarse.
Es muy difícil hablar de un análisis porque se dan cosas muy íntimas y a las que a veces cuesta poner en palabras (acabo de tener un deja vu), además de que al ser estudiante de psicología tampoco es fácil no leerlo en términos teóricos y ser clara al expresarme, para que entienda cualquiera. Lo mejor de todo es que uno empieza a ser quien realmente quiere ser, desata los nudos de la neurosis que generan malestar, y se amiga con otra parte de ella, que ayuda a ser feliz.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Vuelta nº 208 - A mi nunca se me ocurrió.

Si bien he abandonado mi propio blog, por una suma de circunstancias poco favorables para su progreso, nunca me alejé del todo de este mundito aparte que son estos sitios webs donde cada cual es quien quiere ser.
Leí muchas cosas, muchas historias... Ciega a citas, entre otras. Una genialidad que me creí de principio a fin, y lejos de decepcionarme al saber que en realidad era una ficción, admiré a la periodista que la llevó adelante. Por otro lado, aprendí a desconfiar de las historias que se cuentan por estos lares. 
Actualmente estoy leyendo No me quieren ni para dejarme, la historia de Ana Golk, una mujer de 29 años que aún conserva su virginidad y se da a sí misma un plazo de un año para perderla... claro que con muchas condiciones neuróticas de por medio, que complican un poco tamaña tarea. La cuestión es que la leo día a día (o cuando postea), y a veces me pregunto si será o no cierto. Casi todo el tiempo me convenzo de que no lo es. Sobre todo por lo vueltera que es la mina, las gran cantidad de cosas malas o buenas que le pasan, lo poco personas que me parecen algunos personajes de la historia. Pero lo importante es que me planteé qué ocurriría si yo hiciera algo similar con los acontecimientos de mi vida. Mis pseudoamores adolescentes, a la distancia, de internet, los que me quisieron y no quise, los que quise y no me quisieron... mis amigas, nuestras diferencias, los consejos que nos dábamos, las charlas que teníamos... estoy segura que de haber pensado que alguna vez se me ocurriría hacerlo, hubiera anotado todas y cada una de las cosas que en su momento fueron reveladoras, importantes, o simplemente graciosas. Cada tanto cuando me junto con las chicas nos acordamos de estas anécdotas quinceañeras, y de las costumbres de aquellos años, y nos reímos con la nostalgia propia de saber que las cosas cambiaron. No es fácil, la facultad, el trabajo, los novios... 
Pero más allá de todo esto que sale espontáneamente mientras pongo en palabras las ideas con las cuales decidí publicar una nueva entrada, lo que pensaba era que después de todo (y de todos), la historia de mi blog hubiera tenido un final feliz.