Empecé a quererme más y llorarte menos.
Aprendí a preocuparme menos y sonreír más.
Comprendí que la vida no está escrita en ningún lado,
y que las circunstancias cambian como una tormenta cambia la dirección del viento.
Entendí que hay personas necesarias,
pero sólo una indispensable, y esa soy yo.