domingo, 29 de noviembre de 2009

Vuelta nº 131.

Por esas cosas del destino, el jueves cuando iba en bondi quedé exactamente a la par del chofer de otra línea, que estaba parado en el mismo semáforo.
Primero lo miré rápidamente, sin observarlo... pero después lo miré con más detenimiento, y tuve la horrible impresión de estar mirando a algún ser de otro planeta. El hombre era un hombre como cualquiera, pero qué se yo. No se si era porque su camisa era gris y no celeste, o porque su asiento era más alto que el común de los colectivos, o el bigote gigante negro que tenía bajo su nariz de ratón, pero me bastó para querer asegurarme de que jamás tome un bondi de la línea 122.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Vuelta nº 130.

Ayer, técnicamente, fue mi último día de clases. A pesar de que todavía no dejé de ver a mis compañeros, ya siento un vacío en el pecho. Haber demorado mi salida del aula, no colaboró demasiado... el desorden, el silencio, la quietud, sólo hicieron que el alejamiento/desprendimiento/fin sea más doloroso. Lloré, abracé a los chicos, seguí llorando, saqué fotos, y de repente, me encontré diciendo cosas que jamás pensé que podría. Siempre digo que el hecho de escribir, de alguna manera, desgastó mi capacidad de hablar ciertos temas. Bueno, festejé eso. Entre tantas cosas positivas, rescato eso: haberles dicho todo lo que les dije, desde lo más hondo de mi alma.
En fin... acá tienen el gran cierre del que hablaba hace un par de vueltas atrás. El fin de mi escuela secundaria.



Sí, "Cuando soy feliz" y "Angustia enlatada" al mismo tiempo.
Sentimientos encontrados, creo que le dicen.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Vuelta nº 129.


A ver, pensemos... ¿hace cuánto que éste blog decayó de manera importante? Digo, mucha frase, mucho colorcito, mucho video, mucha foto, mucha demora en las vueltas, mucha irrelevancia...
Evidentemente hay algo "mal". Lo paradójico, entre otras cosas, es que no. Está todo perfectamente bien. Todo en su lugar. En un orden tan extraño como maravilloso. Todo tan color de rosa. Pero, otro punto digno de ser observado, es que otras veces suelo pensar "¿cuánto me durarará?" y en cambio, ahora sólo puedo decir "ojalá me dure".
¿Cuál es la diferencia? Clarita como el agua: con el "¿cuánto me durará?" queda en evidencia que estoy esperando lo peor, el fin. Y con el "ojalá me dure", estoy delatando mis mejores ilusiones, la ilusión de ser así de feliz mucho MUCHO TIEMPO.
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