Por momentos me doy cuenta que hay algo dentro mío que nunca cambia... Como
conmoverme hasta el llanto con imágenes que nadie más nota (o tal vez sí)...
El miércoles al salir de la facultad, me subí al colectivo lagrimeando... y es que en la parada había sentados una mujer cuarentona y un chico de más o menos mi edad. El sostenía un paraguas un tanto
chan
fl
eado (siendo honesta se estaba mojando su hombro izquierdo) y ella leía en voz alta, lentamente, con
voz dulce, y cada tanto dirigía su mirada al chico para asegurarse que él estuviera entendiéndola...
él sonreía. Se notaba en ese gesto que la comprendía, y que
le agradecía silenciosamente que leyera para él esas páginas que no podía ver...