martes, 20 de abril de 2010

Vuelta nº 155 - La edad de los por qué (a los 18).

Por momentos vuelvo a ser la nena de tres años que fui hace quince, y vuelvo a la etapa de los por qué...
Con vos (aunque debería hablar en tercera persona, ya que muy improbablemente leas esto) me sobran las ganas de querer saber por qué.
Por qué tolero que las cosas se den así. Por qué algunas noches lloro pensando en las pocas (y nunca enteras) que pasamos juntos. Por qué me mortifico escuchando canciones que nunca me vas a dedicar. Por qué me obligo cada mañana a recordar esa mirada que me regalaste la última vez que te vi. Por qué no salgo corriendo en dirección contraria a donde vos estás (aunque éste sea un punto discutible). Por qué esta necesidad de dirigirme a vos, y sólo a vos, y no a un "él" que podría ser cualquiera. Por qué vos no podés ser cualquiera, y no ése él en el que pienso constamente.

(Son demasiados por qué para dejar que los responda sólo el destino)

jueves, 15 de abril de 2010

Vuelta nº 154 - Reservado.


Hoy noté que tengo siete páginas de mi cuadernillo con escritos que no publiqué, ni pienso publicar. O porque son exagerados, o porque son muy míos, o porque me exponen mucho, o porque son mentira, da igual.
No los cuelgo acá en el blog. Entrar y ver que está tan abandonado, sabiendo que tengo (bastantes) cosas que estarían muy bien ubicadas entre mis vueltas, me genera culpa. Sobre todo porque los plasmaría acá con mucho gusto, si no fuera porque no tengo ganas de dar explicaciones.

viernes, 9 de abril de 2010

Pausa nº 55 - Moscas verdes...

Palomitas de maíz, para esa boca abierta,

y un espejo retrovisor para que recuerde

que metió la pata.

Moscas verdes, para ese buche,

y un tesoro de su cagada para que recuerde

que metió la pata.

Se le fue la lengua, hablando de más

de sus desaciertos.

Moscas verdes, para el charlatán,

y una patada en el trasero,

para que recuerde

que esa fue mi pata.

Yo no sé para qué habló,

si después se arrepintió

de su letra,

a lo mejor temió que su suerte

le diera palos a su inconsciente,

y no lo dejara dormir.

Yo no sé para qué habló,

si después se arrepintió

de su letra,

a lo mejor temió que su suerte

le diera palos a su inconsciente,

y no lo dejara dormir,

moscas verdes al charlatán,

y que no hable nunca más.