martes, 15 de diciembre de 2009

Pausa nº 48 - Yo quiero poner títulos

Sí, de ahora en más, las vueltas y las pausas, además de estar numeradas, vienen con títulos.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Pausa nº 47.

Bueno, ahora sí puedo decir que estoy fuera de la escuela. Y esto viene a ser una especie de... no carta despedida, sino... bueno, no se, me dieron ganas de escribir.
¿Por dónde empezar? Si son cinco años que parecen toda una vida. Cuando entré a 8vo año, no pensé que la escuela se iba a convertir en uno de los lugares donde más me gustaba (y prefería) estar. Es raro como a uno le cambia la perspectiva respecto a eso con el pasar del tiempo. Sí, para mí también el primer año fue tedioso, un cambio gigantezco, y (un poco) un castigo. Y sin embargo me acostumbré. Me acostumbré a las caras nuevas, a los horarios nuevos, a las formas nuevas, a los espacios nuevos, hasta me acostumbré a una Rocio nueva, que se sentía un poco más adulta por ir a la secundaria. Lo que también pasó, imperceptiblemente, fue que me encariñé profundamente con esas caras nuevas, con esos espacios, con esas formas. Caras, espacios y formas, que hoy vuelven a cambiar para mí. Me espera una facultad, gente nueva, otros desafíos. Y sí, estoy ansiosa, asustada, y un poco de todo eso. Pero (siempre los hay) cuando siento que me anula ese cóctel de sensaciones, pienso en esta etapa que cerré ayer. Pienso en que el comienzo, fue tan esperado y tan temido como éste. Y si de algo tan nuevo como era la Escuela 309 hace cinco años, salió algo tan hermoso e inolvidable como fue todo mi ciclo escolar ahí dentro, la facultad puede ser, teoricamemente, una experiencia similar.
Resumiendo... Haber cerrado tan exitosamente (al menos dentro de mis ambiciones personales, tanto educativas como humanas) este quinto año, me impulsa a mandarme de lleno a esto nuevo que se viene, sabiendo que no puede salir mal si pongo lo mejor de mí.
Gracias a los profes y compañeros por recorrer este camino conmigo. Me llevo una bolsa enorme de recuerdos maravillosos, y una jaulita con todas las personas extraordinarias que conocí en el viaje.

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Bueno, esto lo escribí hoy para la red de la escuela, y se me ocurrió subirlo acá, ya que viene tan en picada. Sospecho que ya nadie lee el blog, y en definitiva lo entiendo. Pero bueno, por si quedara algún lector perdido, para que sepa. Que coso... todos los días abro mi cuaderno virtual, veo si sale algo, si encuentro algún archivito aunque sea medio viejo para publicar. Y bueno, la mayoría de las veces no tengo buenos resultados. Pero en fin, algún día volveré... recargada (?)

martes, 8 de diciembre de 2009

Vuelta nº 134.


Y, 8 de diciembre, el mundo cristiano empieza a armar arbolitos, colgar luces, y meter adornos por doquier (aunque poco tenga que ver todo eso con la navidad de la iglesia).
En casa hacía años (muchos) que no armábamos el arbolito, y curiosamente y para mi sorpresa, hoy mi mamá bajó del armario las cosas, buscó en el galpón la maceta del terriblemente trucho y deforme pinito, y me dijo: "hija, ¿armás el árbolito vos?"... No le pude decir que no. Primero, por la forma en que me lo pidió. Y después, porque bastó que pensara un segundo en lo que significaba para mí la navidad hace unos cuantos años... Era salir de compras con mis viejos apenas empezado diciembre, para poder llenar las alacenas de budines, confites, turrones y pan dulce con tiempo. Era un día antes ir a la casa de mi abuela a ayudar a armar los sandwiches de miga para comer después de la ensalada de frutas que con tanta alegría hacíamos entre todos (literalmente entre todos, cada cual hacía un poco, y después mezclaban todo). Era hacer todo a las apuradas para llegar bien a las doce, porque siempre comíamos tarde. Era quedarnos hasta que amaneciera usando las botellas vacías de xilofón, totalmente borrachos, y casi empachados de tanta comida.
Para ser sincera, me encantaría que esas cosas revivieran éste año, no sólo el árbol... pero me temo que no es posible, debido a las circunstancias de mierda en la que hace bastante tiempo está sumergida la familia. No hablo de mi círculo familiar. Hablo de un tío casado que perdió la cabeza por culpa de la esposa. Hablo de esa misma esposa chapísima, merecedora de una cuadriplegia más allá de la eternidad. Hablo de unos abuelos que estuvieron años sin hablarse, y que de repente vuelven a amarse como por obra del espíritu santo. Hablo de una tía que no tolera a su propio tío, que además de ser tío, también es el mejor amigo de mi papá.
En fin... muchas cosas que no van a cambiar porque en casa tengamos árbol de navidad, y un adorno en la puerta... pero por algo se empieza, ¿no?