
viernes, 6 de noviembre de 2009
jueves, 5 de noviembre de 2009
Vuelta nº 118.
Sentada frente a la inmensidad del río marrón, se sentía tan humana como nunca antes. Respirar aroma a pino y jacarandaes le llenaba el alma y le dibujaba una sonrisa.
Estática ahí, no pensaba en nada ni en nadie, sólo disfrutaba. La gente la miraba porque, sin dudas, no era igual a las demás. Sus ropas de bambula blanca, su pelo desornado por el viento, decorado con un pañuelo del tono de sus ojos, hacían de ella una fotografía nostálgica, con una especie de magia.
Sin embargo, nunca se había sentido tan a gusto con la vida... con la suya. En ese momento era feliz. Todo el universo parecía conspirar a favor de ella, y curiosamente, se le notaba en la mirada. Le hubiera gustado saber si esa conspiración los favorecía a los dos... pero pensó que ya habría tiempo para descubir eso, y sólo se limitó a escribir, como si él en algún lugar pudiera leerla.
Escrito de ayer, sentada en el cordón de la vereda del monumento.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Vuelta nº 117.
Entre otras fantasías que tengo al respecto, como enamorarme en un recital, en el bondi, o en la cola del súper, siempre "soñé" con enamorarme de un paseador de perros.
La historia que yo misma imaginé para mí es... genial. Él, viene caminando con sus perros inquietos. Yo, en sentido contrario, distraída escuchando música. Los dos grupos de perros se emocionan al ver al otro, entonces empiezan a hacer fuerza para acercarse, lo que provoca que tanto él como yo, miremos qué es lo que hace que se alboroten. Primero observamos los perros, todos mezclados, sacudiendo sus colas felices, olfateándose, y presentándose en ese idioma perruno que yo supongo que hablan, y recién después de eso reparamos en el paseador. Y en ese momento florece el amor (?) Cuando yo sonrío porque algún animalito se soltó de su correa, y el me dirige una mirada superada al conseguir que no se escape, o alguna situación similar.
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